|
Todos
los domingos a la tarde voy a nadar.
Llegué al club cuando Argentinos perdía 2 a 1 con
Independiente en el estadio Diego Armando Maradona. Mientras me
cambiaba le hicieron otro gol y las mujeres que estábamos
en el vestuario, aunque no muy futboleras, nos agarramos la cabeza
casi sin comentarios.
En la pileta, estaban los guardavidas escuchando el partido, comencé
a nadar con mi rutina pensando en mi marido y todos los hinchas
amigos que estarían en las tribunas sufriendo la derrota,-
otra vez será- pensé.
Continué nadando casi sin parar tratando de concentrarme
en mi trabajo y mientras tanto espiaba a Nacho, el guardavidas,
que caminaba alrededor de la radio nervioso y cabizbajo. Me detuve
a tomar agua fresca para comenzar un trabajo nuevo y Nacho me cuenta
sobre el empate. Pero como yo sabía que argentinos debía
ganar, seguí nadando pensando en la desilusión de
los jugadores y los hinchas. Cuando terminé de nadar, Nacho
desde lejos me marca con las manos un cuatro y un tres y ahí
le dije: - bueno, ya está – y él me
grita: - Argentinos 4, Independiente 3. Lo dió vuelta!!!
–
No lo podía creer. Inmediatamente pensé en la fiesta
que estarían viviendo en la cancha, pensé en mi marido
que se quedaría sin voz de tanto gritar, en mi amigo Chiche
“el tiburón de la paternal” que estaría
largando un lagrimón de la emoción de vivir semejante
momento, pensé en la sensación de esos hinchas de
haber vivido noventa minutos infartantes.
Me dí una ducha, salí del vestuario y ya se vivía
la euforia de la gente, llegaron algunos autos con hinchas que venían
de la cancha y se abrazaban con el cuidacoches, con el que controla
la entrada al club, con cualquiera que pasara y vistiera la camiseta
de argentinos. Tomé el 133 para volver a mi casa y también
se veían caras sonrientes. Era todo alegría, y ya
todos pensaban en el próximo partido acariciando el triunfo
del campeonato y el sueño casi hecho realidad, de ver al
bicho campeón.
Metropolitanos |